domingo, 10 de mayo de 2020

De la impensada distopía



La cajera
"Primero me avasallasteis, luego me aplaudisteis y ahora os vuelvo a dar igual":
el testimonio de una cajera. ALEJANDRA DE LA FUENTE (publico.es)

Natalia no daba más de sí. Se sentía desbordada. 

Era el 14 de marzo. Y el cielo había amanecido limpio. Salió temprano con su uniforme azul y el logo identificador de la empresa. Era cajera en una famosa cadena distribuidora de alimentos. El reporte del gobierno de la nueva situación pandémica elevó la afluencia de consumidores como nunca antes.

¿Es ésta la gente más vulnerable, o la más previsora, o tal vez la más influenciable psicológicamente? –se pregunta Natalia mientras las mira pasar. ¿Qué pasa por sus mentes mientras esperan su turno de pago? ¿Organizan su vida metódicamente? ¿Lo hacen en paz consigo, o se llenan de angustia?

El caso es que Natalia está en la caja. No la dejan respirar. Casi ni tiempo queda para distraerse en esas apreciaciones. Otra persona más desfilando. Transmitiendo sensaciones nada pacíficas, nada apaciguadas. ¿O es tal vez Natalia, la que lo siente así? Al cansancio de todos los días, a las várices tan solidarias con su cuerpo, a ese tiempo eterno de pie, “la eternidad y un día”, a ese tiempo se le suma la sensación de angustia.

Y el anonimato de siempre. Lo común en las cajeras, lo de todos los días. Sólo cuentan las manos: recibir productos, tarjetas, billetes, monedas; entregar mercancías facturadas, devolver sobrantes del trámite…. Sin rostro, así somos. Manos y uniforme. Uniforme que nos hace anónimas, unas más a cuenta de la empresa. Alien-adas. Sí, como lo lees: alien = otro, otra. La empresa nos succiona y ya. Dejamos de ser. Cuenta la empresa con su marca conocida. Nuestro rostro ha quedado difuminado.

Ahora, algo había cambiado. ¿Qué intereses nos daban visibilidad? –se preguntaba Natalia. ¿No sería este un juego del mercado para convencernos pacíficamente del bien que hacemos a la Humanidad? Resistir en medio del riesgo. ¿No era el asunto la salvaguarda de los intereses de los poderosos? Y todo ello convenciéndonos de la necesaria filantropía, del amor a los HERMANOS Y HERMANAS. Ahora sí: los consumidores, tan anónimos como las cajeras, vueltos familia.

Objetivo cumplido –dirían ellos. Mantenernos en nuestros puestos sin mayor resistencia. Sin exigir nada a cambio, que la Humanidad bien merece héroes y heroínas, llegado el caso, cristos y cristas que se inmolen. Un poco de visibilidad sería pago suficiente. Unos aplausos diarios, un sentido fervor de masas, levanta el ánimo. Es un buen chute, para seguir en lo nuestro, que es lo de todas y todos. El convencimiento sutil, tenue, diluíble borrable con el tiempo. Pero ahora, en el instante, sí, afirmado sin dudas, proclamado a los vientos. Nuestro importante hacer.

Otro ahora, y nuevo cambio. Me ves y no me ves –como las flores, las palomas y conejos, o las monedas de los magos. O como aquello sobre el Maestro galileo que algunos discípulos transmitieron: dentro de poco no me verán, y dentro de otro poco me volverán a ver.

Sólo que aquí, es al revés. Dentro de poco me ves, y dentro de otro poco ya no me verás. Vuelta a la normalidad. De nuevo olvidada. Soy Natalia, sin rostro. Regreso a casa con el uniforme azul. Estoy cansada. Nadie sigue mis pasos. Anónima. Atrapada en el juego subliminal de la empresa que dirige un mensaje a las neuronas de quienes se cruzan en mi senda.

Habituada dejar los zapatos en la puerta. Habituada a lavarme las manos. Habituada a quitarme la ropa. Y quedar así: desnuda. Natalia.

Xiao
Los sauces verdes señalaban el tiempo del vuelo. Xiao jugaba con su cometa. La había ido fabricado hora tras hora, a ratos perdidos, durante los meses de confinamiento. La estructura de bambú, el fino papel pegado, su forma de chicharra, sus dibujos repetidos de pequeños pinos, el predominio de los tonos verdes y amarillos ajustados a sus deseos.
Con la pandemia a punto de remitir la aldea entró en la fase de desescalada. Los controles sociales fueron reduciéndose. Las situaciones de encerramiento progresivamente se suavizaron. Los pobladores retornaron a sus trabajos cotidianos, los estudiantes a sus clases.
Xiao volaba en su ensoñación, junto a su cometa embellecida días antes. Su larga y hermosa cola verde anclaba un ligero pie a su vuelo.
Poco antes, mientras corría agarrada al hilo de fibra de cáñamo, atrapando el aire necesario para el ascenso de la cometa, sentía su mascarilla molesta.
-Aún recomiendan usarla –pensaba. Aquí, sobre la barbilla, al menos me deja respirar.
Corría con el rostro al viento, tomando el aire con aspiraciones profundas, beneficio que el cuerpo extrañaba tanto como agradecía, en la memoria de encierros y tapabocas, entre límites de paredes y telas….
Vuela ya la cometa. Xiao la contempla. Sin contornos que la atrapen, zarandeada por el viento, en la libertad ansiada. Xiao suelta hilo y asciende más alto el juguete.  Xiao proyecta su deseo. Finalmente, corta el hilo.

El Coronavirus y el Torturador
Todavía tengo las señales. Aún me falta aire. Se sentía con permiso para matar. No creía que fuese tan letal. Sentí mucho miedo, y un dolor intenso. Una sensación de aplastamiento, como un gran peso encima. El fin de la normalidad. Ya nada volvería a ser igual.  Los días se me hacían interminables. Pensaba que no saldría de allí. La conciencia del aire escaso me doblegaba. El calor sofocante. No me restaban fuerzas para ponerme en pie. Hacerlo era un desafío. Somos testigos, lo sufrimos en nuestra carne. 
Firman: los acusadores del torturador. Firman: los recuperados del coronavirus.

Presencié el diálogo agónico.
-Ven aquí -le dijo el corona,
donde las dan las toman.
Me aferro a la garganta de mis víctimas, por ahí golpeo, penetro, hasta el fondo….

El balance no era cero, ciertamente. Para quien se había burlado, con su pandilla de cómplices y jefes, de la verdad y la justicia, de la historia y su memoria, de los sojuzgados y sufrientes, aquello, que lo emparejaba a tantos otros, muchos de ellos ancianos y desvalidos, no podía ser considerado como pago de su culpa, ni aún siquiera como condena.
En las víctimas no causaba la menor alegría. Ya no podría ser condenado en tribunales. Pero algo era algo. Al menos tuvo tiempo para que esas frases y sentires resonaran en su conciencia. El terriblemente famoso torturador era llama de su propio incendio.
 
Guantes de látex
Indira llevaba sus productos al mercado local. Ajíes, cebollines, zanahorias, cilantro… Se había determinado la obligatoriedad del uso de guantes para la venta de las verduras.
La Alcaldía había suministrado varios paquetes de guantes de látex. Guantes naturales. De árbol de caucho.
-Trata de usarlos en esta contingencia.  Pero úsalos bien. Son flexibles, proporcionan sensibilidad y adaptabilidad en las manos. Te permitirán desenvolverte bien con tus clientes en el intercambio comercial –le habían dicho. Y, ante todo, no los botes en cualquier lugar. Que pueden llevar en sí, aferrado a sus partículas, el virus maldito.

Respira con dificultad. Había tomado malojillo y toronjil, pero no se había mejorado. Tres días lleva con ese malestar. La tos insidiosa y esa compresión pulmonar. Por más que ese esforzaba, no se abría su pecho.

Retiene la imagen de sus guantes, adheridos a su cuerpo. Intenta quitárselos. Se niegan a salir. En cada dedo se resisten. Cuando logra despojarse del caucho natural: tan natural como el látex, pegado a la piel, aparece inesperado: EL MIEDO. Un miedo único, con varios nombres: a la soledad, ¿o tal vez al amor?, a la esclavitud, ¿o tal vez a la libertad –dijo Fromm?, al dolor, a la muerte...

Se ha dicho que el amor es la ausencia de miedo. No lo creo. No hay tal. Los humanos llevamos el miedo a cuestas. Tan pegado como guantes de látex. Lo que hay es cobardía para dejarse dominar; amor, para sobreponerse a él; y libertad, para enfrentarlo.

FOTO:


domingo, 12 de abril de 2020

SÍNTOMAS




Hay síntomas de virus
una tos seca
un leve ascenso de temperatura corporal
dolor de cabeza
y tal vez diarrea

Hay síntomas de vida
los azulejos juguetean libres
sin sentirse amenazados
con apenas humanos
el aguacate hermano
los acoge maternal

Hay síntomas de guerra
algunos portaaviones
señorean los mares
algunos funcionarios
verborrean las redes
con lenguaje imperial
que hasta la luna llega

Hay síntomas de muerte
y más que síntomas son
con más de un millón de enfermos
(y los mercados vivos)
por las calles caídos
en fosas abiertas
improvisados cementerios
en Nueva York o Guayaquil
y los mercados vivos
que no quieren ceder un ápice
y arrastran los muertos a la fuerza
y se llevan por los cachos
a los más indefensos

Hay síntomas de estiércol
esparcido en el aire
inunda el Facebook y el WhatsApp
y a otros tantos medios que no están a mi alcance
controlados moldeados monetarizados
hasta los más bellos mensajes
tasados en oro
repetidos mil veces
manipulados
desautorizados
recreados
sin raíz ni rumbo fijo
efímeros discursos e imágenes
con tenue marca neuronal
y más firme huella
en anónima cuenta bancaria
A más encierro
más control
más producto final

Hay síntomas de vida
además de azulejos juguetones
enfermeras que luchan cada día
contra la pura muerte
a riesgo de ellas mismas
Y aún les quedan fuerzas
para denunciar
lo injusto

Cultores de la palabra y la canción
educadores y psicólogos
esperanzas palpitantes
sueños de lo posible
en deseo de nunca más
las calles desiertas
y aires limpios
son síntomas de paz

FOTO TOMADA DE: https://www.aulaspandora.com/blog/40_vida-y-muerte-en-la-tradicion-antigua-de-mexico.html

sábado, 16 de febrero de 2019

Poemas para una paz armada



CAÑA DULCE

Niño, masca la caña
para tu sed.
Masca la caña dulce,
máscala bien.
Que no te roben,
con la garra y el odio,
tus sueños de hombre.

Niña, siembra la luna,
que, cuando nazca,
será jugosa planta
de rica caña.
Que no te quiten,
al llegarse la noche,
lo que escondiste.

Niño, toma la caña,
toma y exprímela.
Niña, tómala tú,
masca sin prisa.
Con la quijada,
sacaremos el jugo
de agua melada.


LA QUIJADA


Junto al rancho de bahareque
la quijada está dispuesta,
para laborar un rato
y hacer de la caña fiesta.

El chiquichiqui o la vieja
son más nombres que la dan,
y hasta el cangrejo en Oriente
la refieren sin dudar.

Es un antiguo instrumento,
de época colonial,
que, aquí, el hombre parcelero
acostumbra preparar.

Allá abajo, en la Quebrada,
los antiguos pobladores
del Cristo y la Macarena,
Guaremal y alrededores,

hacían, con sus quijadas,
guarapos de los mejores,
endulzaban el café
y los jugos, sí señores.

Es ejemplo de palanca,
como en los libros la llaman,
con apoyo y resistencia,
de la caña bien cortada;

la maña está en la potencia
que con los brazos se aplica,
poco a poco va saliendo
el agua dulce bendita.

De a poquito, bien cortado,
se va mascando el rolito,
nudo por medio, a dos lados,
hasta dejarlo sequito.

Dos surcos, sobre el madero,
guían hasta el recipiente
el líquido ya exprimido,
como en manar de una fuente.

Hoy, con hielo preparado,
ese guarapo, y limón,
hemos tomado tres vasos
y hemos gozado un camión.


GUAIDÓ EN SU LABERINTO

Guaidó en su laberinto, contrasta con Bolívar;
pretende armar la guerra, a fin de someter
a un pueblo liberado que construye en la paz
del hoy, su porvenir.

Reclama una invasión, solicita una horcaja
que apoye su árbol seco, su absurda “jefatura”;
que intente, con rapiñas, financiar sus deseos
de ambición miserable.

La transición que grita, abierta, indefinida,
es sin Ley, sin Principio; tiene por toda norma
su autoproclamada monarquía absoluta,
con corona rendida.

Y, sin embargo, un pueblo, “siempre es un firme bloque:
sabe que no es estéril su firmeza, resiste.
Y los pueblos se salvan por la fuerza que sopla”
de todos sus ancestros.

(a partir del poema de versos alejandrinos, y pie quebrado, 
Pueblo, inscrito en el libro El hombre acecha, de Miguel Hernández)



BOTAS PARA EL REGRESO

en 1939
cuando la guerra llegaba a su fin
mi abuelo cosía las botas de los soldados
preparándolos para el regreso
al volver a casa
de la capa hizo un manto 
para aliviar el frío de su pequeña

estaba grabada a fuego
la sangre de la tierra 
sobre la frente de los inicuos
viviendo en medio de ellos
nunca cubrió con la mentira
ni bautizó con otro nombre 
la injusticia

los vencedores se mostraron
generosos perdonavidas
tras el genocidio consumado
pues ahora requerían brazos
para la tierra inculta

solo el silencio 
exigían a cambio
sumisa la mirada
o la máscara festiva
sin excesos

alejarse a los montes
darse a la vida solitaria
al cereal
al barbo y al conejo
fue salida necesaria 
para ese comprimido corazón

mi madre contaba estas historias
y rogaba Nunca más

aprendimos que las guerras
con los males añadidos a los pobres

no tocaremos sus tambores
resistiremos con la palabra Paz
y nuestro aliento
develaremos las mentiras
gozaremos las pequeñas dichas cotidianas
de la amistad, la mesa, el canto…

coseremos los calzados viejos
para seguir marchando 
en son de paz

haremos de los morrales de combate
otros tantos escolares
de los fusiles
escardillas
y de los tanques
unidades de transporte urbano

rizaremos los cabellos engomados
hasta escuchar silencio 
en los salones de la diplomacia
volverán a casa los fulanos
recogiendo reconcomios
aprendiendo respeto por los pueblos

les crecerán sus rabos de cochino
se irán avergonzados
y se sabrá el misterio

estaban destinados
eran ellos
no nosotros
la generación 
dispuesta por los siglos
a la extinción
sobre el planeta

domingo, 28 de enero de 2018

De poemas y poetas




Los poemas cantan la vida
o lloran la muerte
la mía
la ajena
la de todos
tan solo así pueden ser

Le piden al poeta
háblanos del lirio
y él pregona
veo la sangre en las calles

Se pregunta el poeta
cómo hablar de la existencia
ante el que viene
con un pan al hombro

No caben en el verso

el lirio ideal
en imágenes de aureola
y cayado sosegado
en las manos del dulce varón
beatífico

la existencia escurrida
entre gruesos pergaminos
tan gruesos como sus mentiras
cual columnas de claustro
o almenas de castillo
donde se producen y recrean

Aquí
la vida y la muerte

el pan y la sangre

Foto:
https://elynenoir.deviantart.com/journal/The-End-of-A-Story-Feature-405056335

sábado, 13 de enero de 2018

CANTAR DE LOS CANTARES – SONETOS



El libro de las escrituras judeo-cristianas Cantar de los cantares es un texto leído y desleído desde antiguo. Fray Luis de León pagó con la cárcel su ejercicio de traducción al “román paladino”. En la interpretación del libro se fue privilegiando, desde el más antiguo medioevo, la alegorización espiritual, que resultó finalmente espiritualista, pues descarnó al texto al extirparle su sentido más literal y originario.
En las décadas más recientes se ha retornado a una lectura más acorde con ese sentido fontal. El Cantar es una obra que eleva a poesía el amor de dos jóvenes: amado y amada. No es poesía evasiva. Al contrario: en el contexto de la época en que se presume fue escrito representa un proyecto de resistencia libertaria frente a un modelo de construcción de pueblo a partir del poder sacerdotal (sadocita) e imperial (persa).
Cae bien en estos tiempos nuestros venezolanos en los que se hace imperativo el ejercicio de construcción y acaso re-construcción del poder popular, en resistencia a todo otro poder que busque opacar, confundir, ignorar, violentar, corromper, engañar y marear, debilitando las fuerzas raigales que lo nutren.

El Cantar es poesía hebrea. He intentado el ejercicio de la poesía tradicional castellana, escribiendo ocho sonetos en escritura libre de algunos fragmentos de esta genial obra. Mi agradecimiento y dedicatoria a Wafi Salih, quien al hablarle de estas cosas y mostrarle algunos sonetos me animó a este proyecto de escritura.


Cantar de los cantares

A Wafi Salih, ramita desprendida 
de los bosques del Líbano


1, 1-2

(Habla la amada)
Bésame con los besos de tu boca.
Son mejores que el vino tus amores,
son bálsamo fragante tus olores,
tan solo oír tu nombre me disloca.

Llévame contigo, tras la roca, 
a tu alcoba, mi rey, con mil honores,
a celebrar contigo, entre las flores,
tu amor, pues me provoca

vivir por siempre enamorada.
¡Ah! Sí, salir corriendo, tras de ti,
 no dejar un instante de quererte,

dar rienda suelta a mi alma aprisionada,
disfrutar del vino y la flor del alhelí,
y a la sombra del manzano, conocerte.


1, 8-16

(El)
¡Qué bellas con pendientes tus mejillas!
¡Tu cuello rodeado de collares!
Eres la más bella -suenan cantares,
cuando llevas a pastar tus cabrillas.

(Ella)
Que duerma el rey en sus cómodas sillas,
que mi amado aquieta sus andares
y deja entre mis pechos sus pesares.
Tan suave como tímidas hojillas

de un ramo de ciprés del Engadí,
descansa como bolsita de aroma.
Nuestro lecho es de fronda, entre arbolados.

Dulce y bello es mi amado para mí.
Me alegra el corazón cuando se asoma,
y andamos como dos enamorados.


2, 1-7

(El)
Soy un jazmín y tú eres azucena.
Un jazmín a la orilla del torrente;
azucena a la vera de la fuente,
así eres tú, mi más bella morena.

(Ella)
Mi amado me conduce a la alacena,
me ofrece torta y almíbar reciente,
y en su alcoba privada me consiente
con su abrazo, bajo la luna llena.

Muchachas de Jerusalén, les digo:
No despierten a mi dormido amado
hasta que el sol avance en su jornada.

Mientras él duerme, yo contemplo y sigo
esperando que se alce mi adorado
y me lleve a la rivera soñada.


2, 8-17

(Habla la amada)
Saltando por los montes, es mi amado
un venadito: lo imita brincando,
por cerros y quebradas correteando,
su cuerpo en vuelo a ritmo acompasado.

Detrás de la enramada se ha parado,
por las altas ventanas anda mirando.
Y, de pronto, lo escucho susurrando:
Ven conmigo, el invierno ya ha pasado.

Levántate, que las lluvias se han ido,
difunde su aroma, en flor, la viña.
Levántate, amada, y ven junto a mí.

Se oye el trinar del ave en la campiña,
que tu voz cante con el colibrí.
Corramos hacia el jardín florecido.


4, 8-11

(Habla el amado)
Ven desde el Líbano, mi amada, ven;
baja de la cumbre del Amaná,
del Senir y del Hermón desciende ya,
de los salvajes montes, de tu Edén.

Me has enamorado, sé el sostén,
de mi vida en peligro; se el maná
mejor que el vino, lluvia que traerá
sosiego y abundancia al almacén

del amor. Son tus labios un panal,
bajo tu lengua tienes leche y miel,
mejor que los perfumes tu fragancia.

Qué exquisito tu amor tan natural.
No hay falsedad ni ambiciones en él,
nadie como tú, sin arrogancia.


4, 12-15

(Habla el amado)
Hermana mía, eres jardín cerrado;
para el malvado, fuente sellada;
para el cansado, agua purificada
que baja entre la roca y el collado.

Tus pechos, como un árbol de granado, 
con la fruta exquisita y encarnada;
tu lozanía, frescura de alborada;
con nardo y azafrán, jardín floreado.

De enebro, cinamomo y de canela,
son tus mejores bálsamos y aromas;
de áloe y mirra, de incienso y menta.

Como perfume de jazmín, la tela
de tu vestido, entre la que te asomas.
Agua fluyente en la boca sedienta.


5, 10-16

(Habla la amada)
Mi amado es luminoso y sonrosado.
Sus rizos son racimos de palmera,
sus ojos, pajaritos a la vera
del arroyo, a la sombra del granado.

Sus mejillas son nardo perfumado,
encendidas al calor de una hoguera;
sus labios fluyen mirra en torrentera;
su firme tronco está en marfil labrado.

Miren, muchachas, desde las esquinas.
Mi amado, entre todos, es vino y pan,
y miel, y pasas, dulzura sin malicia.

Su cuerpo, engastado con piedras finas.
Sus piernas, robustas como samán.
Mi amado es todo él pura delicia.


7,1-13; 8,1-7

La sulamita danzaba feliz.
Su amado contemplaba su figura:
Sus bellos pies, su vientre, su cintura, 
sus hondos ojos negros, su nariz.

La amada lo invitaba al tamariz,
a penetrar el huerto en su frescura,
a amanecer entre la hierba pura,
a pintar de colores su tapiz.

Mientras la sulamita susurraba,
dejándolo en el placer del sueño, 
las doncellas velaban al amado.

Mi amado es todo para mí –cantaba.
El amor es un encendido fuego
que no lo apaga un río desbordado.



(UNA ÑAPA)

Boda en Caná (Evangelio de Juan 2)

Comienza un nuevo tiempo, es tercer día,
y habrá boda en la aldea de Caná.
Jesús, con sus amigos, allá va;
también como invitada está María.

La madre de Jesús lo presentía:
No tienen vino, está faltando ya.
Dice Jesús: con eso, ¿qué se hará?
Y ella: Sigan su sabiduría.

Ordena Él llenar de agua las tinajas.
La llevan a probar al encargado,
y se asombra al catar ese buen vino.

Con esta señal Jesús ha inaugurado
una alegre noticia de camino.
Y creyeron en él sin más mortajas.


Imagen tomada de:

https://www.artmajeur.com/en/art-gallery/elena-kotliarker/244501/the-song-of-songs/9263755